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Isaac Asimov

Fue un escritor y profesor de bioquímica en la facultad de medicina de la Universidad de Boston de origen ruso, nacionalizado estadounidense, conocido por ser un prolífico autor de obras de ciencia ficción, historia y divulgación científica. Asimov, asimismo, tenía un dilatado conocimiento sobre las ciencias naturales en todo su conjunto. Su obra más famosa es la Saga de la Fundación.

Originalmente fue el primer libro de la saga, pero como después se agregaron las dos precuelas (“Preludio a la Fundación” de 1988 y “Hacia la Fundación” de 1993) técnicamente es el tercer libro ahora.

En “Fundación”, Asimov relata el origen y consolidación de lo que da título al libro. Como dice la Wikipedia, este período “abarca escasamente ochenta años de la historia fundacional, pero son los ochenta años más brillantes y dinámicos de ésta”.

Si bien no comparto la cosmovisión que plantea Asimov en “Fundación”, sin duda es una de las obras más emblemáticas del género, una obra maestra imposible de obviar.

El protagonista principal de la historia es Hari Seldon, un científico al que su ciencia ha dotado de una suerte de habilidad sobrenatural para predecir el futuro. He aquí la idea fundamental o “fundacional”, en la que se basa esta historia. Cuando leí por primera vez el libro, debo decir que me resultó un tanto gracioso el que haya sido necesario desarrollar una disciplina capaz de predecir la caída de un imperio. Me pareció como absurdo e innecesario ya que, basados simplemente en lo que la historia nos cuenta, ¿no es acaso ese, inexorablemente, el destino final de cualquier imperio o civilización? Al menos lo ha sido para nuestra especie en un sinnúmero de oportunidades.

“El Imperio Galáctico, que domina la galaxia y a todos sus habitantes, parece una roca sólida que perdurará durante milenios, pero un hombre, Hari Seldon, ha recorrido los caminos de la historia, los ha reducido a ecuaciones matemáticas y el desarrollo de esas ecuaciones le ha mostrado con claridad meridiana que el Imperio no es de roca, sino de arena a punto de desmoronarse. El inmovilismo, la burocracia, las continuas intrigas entre sátrapas de todos los niveles, la sensación de que todo está hecho y bien hecho, ha creado un clima de confianza en la inercia del aparato Imperial tal que nadie se preocupa de porqué suceden las cosas, solo de que suceden, y esa falta de preocupación hace que cuando las pequeñas cosas empiezan a dejar de funcionar nadie se alarme, a las pequeñas cosas le siguen otras más grandes, y otras, y otras, y nadie se mueve, hasta que es el mismo Imperio el que se desintegra”.

Esto mismo, estructuras fosilizadas que ya no desempeñan cabalmente el papel para el que fueron creadas ni dan cumplimiento a su propósito es la historia eterna de las instituciones humanas. El problema nunca es la institución en sí misma, sino las voluntades e intenciones de los individuos que las conforman.

Eso es lo que ha sabido ver Seldon con la ciencia que había creado para ello; la psicohistoria”.

LOS PSICOHISTORIADORES

“Gaal Dornik, un joven matemático recientemente doctorado, es llamado a Trantor por el mismísimo Hari Seldon para trabajar junto a él en su proyecto. Gaal no sabe que Seldon está siendo minuciosamente investigado y controlado por la policía imperial y, tras sus primeros pasos asombrados por la capital de la galaxia se encuentra detenido y procesado junto al propio Seldon. Durante el proceso, por demás irregular, Seldon consigue su primer propósito: ser desterrado de Trantor y que se le permita establecerse en un remoto planeta llamado “Terminus” donde creará la “fundación”. Esta se entregará a la tarea de elaborar una “Enciclopedia Galáctica”, que no es ni más ni menos que el compendio de todo el conocimiento humano. Hasta aquí, ambas partes creen haber ganado. El Imperio se quita a un intelectual de ideas molestas e inquietantes de encima. Seldon podrá apadrinar una obra de la magnitud de la Enciclopedia y podrá seguir desarrollando su labor sin interferencias”.

¿Les suena esto de una estructura fosilizada y endémica que se vuelve tiránica y persigue a quienes no comparten sus ideas? Estamos hablando de una humanidad a miles y miles de años en el futuro, que ha conquistado la galaxia entera, con cientos de miles o millones de mundos habitables y que al parecer no ha aprendido nada. No se diferencia en absoluto de nosotros en lo que tiene que ver con despertar espiritual, ya que claramente nos habríamos llevado hasta allá la mentalidad egoica, las desigualdades, la injusticia y la completa falta de solidaridad y respeto por lo que es diferente.

La psicohistoria es presentada como una disciplina científica que, partiendo de las matemáticas, engloba también algo de estadística, psicología y sociología. La combinación de estas ciencias le permitiría a Seldon predecir con bastante exactitud el devenir histórico, pero ojo, solo a nivel general, es decir, a nivel de las grandes masas y nunca aplicado a un individuo.

LOS ENCICLOPEDISTAS

“Terminus cincuenta años después se ve aquejado por los mismos males que aquejan al Imperio Gobernada por los enciclopedistas y dedicada a la redacción de la Enciclopedia Galáctica, la fundación creada por Seldon se ha convertido en un estado burocrático, ya casi esclerotizado, inmóvil y sin iniciativa, donde se espera que el todopoderoso Imperio lo solucione todo. Pero el colapso del Imperio es inminente y su repliegue sobre sí mismo va dejando cada vez más y más espacio de la galaxia abandonado a su suerte. Su autoridad se ha vuelto nominal, no efectiva.”

¿Les suena la frase: “quién no aprende de su pasado, está condenado a repetirlo”?

Cuando leí esta parte de la historia, me acuerdo que pensé: la verdadera evolución de una especie no tiene nada que ver con su expansión territorial o avance tecnológico. Pero si tiene todo que ver con una más elevada consciencia. No puedes dar lo que no tienes, y estos enciclopedistas no han dado un salto de conciencia verdadero. Hay una máxima de la filosofía no dualista que dice: “aquello que das, es lo que recibes”. Para mí, esta gente, los enciclopedistas, no estaban bien rumbeados desde el principio, ya que al final, solo buscaban salvar al imperio, las estructuras, las instituciones, y no al espíritu de la humanidad, aquello que nos hace humanos, como la compasión y la solidaridad.

LOS ALCALDES

“La fundación se ve amenazada por el sátrapa de Anacreonte, atraído por su tecnología, la cual, debido al colapso imperial, se ha convertido en un lujo inalcanzable para los mundos de la periferia. Sólo la decidida actuación de Salvor Hardin, el alcalde de Terminus, evita el desastre.

Han pasado treinta años, el pujante Salvor Hardin es ahora un anciano más preocupado por retirarse que por seguir medrando en política. Sin embargo, debe resolver varios problemas; la oposición amenaza con hacer con él lo mismo que él hizo con los enciclopedistas; apartarle del poder mediante un golpe de estado, por otro, el nuevo rey de Anacreonte, envalentonado, pretende de nuevo invadir la Fundación.

Sin embargo, ésta vez Hardin tiene muchos más recursos que en la ocasión anterior; con el tiempo ha creado un sistema religioso para disfrazar el poder tecnológico con un halo de superstición y de éste modo, ha conseguido extender su influencia hasta lo más profundo de la sociedad anacreóntica, hasta el punto de que, cualquier acción que sus gobernantes quisieran ejecutar en contra de la Fundación, es considerada herética y abominable”.

Aquí podríamos caer en el error de pensar que el poder del espíritu se ha impuesto sobre el poder político y el tecnológico. Pero en realidad no es así. Todos sabemos de qué va esto. El que ha ganado aquí es el miedo a través de la superstición. Solo estamos frente a una edad media galáctica con todo lo que eso supone, persecución y avasallamiento de las grandes masas usando como arma la ignorancia. De nuevo, no hemos aprendido nada.

LOS COMERCIANTES

“Sigue pasando el tiempo, la política de la Fundación se amolda y evoluciona, ya no son los sacerdotes del culto pseudo tecnológico los que extienden la influencia de la Fundación por la periferia, ahora son los comerciantes, armados de una conveniente amoralidad, los que distribuyen por los mundos abandonados a la barbarie los productos de la Fundación, haciendo que la influencia de ésta se extienda más y más, de forma sutil y casi se podría decir que insidiosa; cualquier mundo atrasado que deje que un comerciante le venda productos de la Fundación se convierte de facto en una colonia de ésta, sin grandes alharacas, pero de forma casi definitiva.

Eso lo saben en Askone, y rechazan con violencia todo lo que huela a Fundación, sin embargo, uno de los comerciantes libres consigue romper la resistencia mediante el viejo método de apelar a la codicia humana y una vez conseguido esto, aplicando una fuerte dosis de extorsión. Siguiendo la línea sutil de los relatos anteriores Limar Ponyets, nuestro comerciante, no ha vendido grandes aparatos ni tecnología de última generación, sólo transmutadores de materia y pequeños chismes de una utilidad práctica cuestionable, pero basta una pequeña cuña para partir la piedra más grande”.

Por supuesto no podía faltar el comercio en manos de capitalistas despiadados. Esto es un cliché donde los hay. Sería algo así como una etapa de renacimiento, para algunos al menos, y de nuevas formas de explotación y sometimientos para otros. Siempre estamos apelando en la construcción de mundos futuros imaginarios, a los peores rasgos del hombre, lo más bajo de la condición humana. ¿Por qué?

Qué distinto hubiera sido si la fundación, desde Terminus, se hubiese levantado como un faro de luz que potenciase aquí y allá, por todas partes, las cualidades más nobles y alturistas de los seres humanos, rescatando de ese conocimiento que tenía por cometido preservar, lo mejor de nosotros. Yo no creo realmente que la humanidad no haya aprendido nada de sus experiencias pasadas. Sí lo hicimos y ojalá se pueda llegar a ver reflejado en las historias que creamos como proyecciones de mundos futuros posibles, que renueven nuestra fe y alienten la esperanza, que como reza por allí en alguna parte: “es el regalo para aquellos que anhelan despertar”.

LOS PRÍNCIPES COMERCIANTES

“Como era de suponer los comerciantes se hicieron ricos, con la riqueza llega la influencia y con la influencia el poder.

Al cabo de los años aquellos comerciantes libres, figuras notablemente románticas, se han convertido en ingenieros contables y se han hecho con el control económico de la Fundación. Sin embargo, todavía queda mucho que hacer, la antigua religión de la Fundación pervive, aún poderosa, aunque para los comerciantes no resulte más que un resabio molesto. Los tiempos han cambiado y las relaciones entre planetas han de basarse en algo más que la superstición y la fe ciega También se produce un hecho de importancia fundamental; la periferia de la Fundación se encuentra con la periferia del mermado, pero aún poderoso, Imperio galáctico y el enfrentamiento con lo que aún queda de éste se hace inevitable”.

Expansión, colonialismo, guerras desatadas en inestables fronteras. Todo con un sabor rancio, gastado y mohoso. Seguramente te estarás preguntando si existe la posibilidad de que una historia sea interesante sin conflicto. Creo que no. Pero qué tal si el conflicto no viene dado por el odio, envidias, recelos y toda la gama de posible bajas pasiones sino por una lucha por alcanzar un salto cualitativo en la manera de ver y relacionarnos con el mundo. La lucha sería interior, por superar al animal en nosotros y así potenciar nuestra divinidad. Un salto de consciencia que nos permita vernos con ojos renovados y nos lleve a proyectar un futuro posible, enteramente nuevo y vibrante. La dualidad se ha agotado a sí misma y llega la hora de proyectar una humanidad unida y alineada con la esencia de lo que es su naturaleza y espíritu.

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